1. Evolución Histórica

Introducción

La Fibromialgia (FM) es un cuadro clínico con hallazgos mayoritariamente subjetivos, que plantea dificultades a los profesionales de la medicina tanto para su diagnóstico1, por el desconocimiento de la enfermedad o por su consideración como una enfermedad ficticia, como para el tratamiento, por su pobre respuesta a los empleados actualmente.

Su denominación actual fue la propuesta por Kahler Hench2, en 1.976 y proviene de la raíz fibro (fibra), myo (músculo), algos (dolor) e ia (condición). Aunque este término siga siendo discutible, ya que no está establecido que sean las fibras musculares las relacionadas con el dolor, es el universalmente aceptado.

No existe una definición única ni establecida de la enfermedad, de manera que varía con cada autor. La definición de entidad clínica dada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como “aquella alteración o interrupción de la estructura o función de una parte del cuerpo, con síntomas y signos característicos y cuya etiología, patogenia y pronóstico pueden ser conocidos o no”, se da en la FM. De acuerdo con Goldenberg3, podríamos definirla como un síndrome caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado, difuso y crónico, en el que se demuestra dolor en puntos característicos, denominados “tender points”, sin evidencia de sinovitis o miositis, con datos exploratorios, de laboratorio y radiológicos irrelevantes, que afecta en el 80-90% de los casos a mujeres con un pico de edad entre los 30 y 50 años y en el que existen otros hallazgos de utilidad diagnóstica pero no esenciales para el mismo, entre los que se incluyen fatiga, alteraciones del sueño, cefalea, síndrome del colon irritable, parestesias, ansiedad y depresión.

Se trata por lo tanto, de un cuadro de dolor crónico4, generalizado, difuso, caracterizado por la presencia de dolor a la palpación en lugares típicos y constantes, denominados “tender points”, acompañado de múltiples síntomas somáticos, con una elevada prevalencia y claro predominio femenino, en el que no se dispone de ningún marcador o prueba diagnóstica especifica. Su etiología es desconocida, sospechándose que existen procesos centrales, neuroendocrinos y psicológicos, que de forma independiente, o asociada, disminuirían el umbral del dolor, su percepción y su tolerancia, presumiblemente modulados por factores genéticos, cognitivos, emocionales y ambientales5.

 

Evolución de los conceptos

Aunque los patrones de dolor difuso músculo-esquelético, se conocen desde la antigüedad6, 7, hasta el siglo XVII no se estableció una distinción entre reumatismo articular y reumatismo extraarticular o muscular8, caracterizándose este último por áreas de dolor y rigidez en tejidos blandos y músculos.

Tanto los médicos alemanes y escandinavos, como los franceses e ingleses, hablaban de reumatismo muscular, término utilizado por primera vez a finales del siglo XVI (1.592), por Guillaume de Baillou (1.538-1.616), en su libro Liber de Rheumatismo; no solo para describir las manifestaciones clínicas del reumatismo muscular, sino también las que se encontraban en la fiebre reumática.

Robert Burton publica en 1.621 “The anatomy of Melancholy”9, donde señala que algunos pacientes con depresión melancólica tenían también dolor y fatiga. En 1.750, Richard Mannigham10 describe la “Febrícula o Pequeña Fiebre” mediante la aportación de las observaciones clínicas de sus propios pacientes, la mayoría mujeres sedentarias y estudiosas de clase social elevada, que presentaban un elenco de síntomas asociados al dolor y a la astenia, y que no se entroncaba en aquellos momentos con causas clínicas conocidas. Posteriormente se ha relacionado con la FM y fundamentalmente con el Síndrome de Fatiga Crónica11.

Robert Whytt (1714-1766), facultativo del rey George III de Gran Bretaña, propone que los nervios integran la función corporal y median emociones y conmoción mental, que él denomina “sensibility”, considerando que de alguna forma todas las enfermedades pueden “in some sense, be called afflictions of the nervous system”12.

El médico británico R. P. Player, describe en 1.821 que algunos pacientes observan dolor al presionar sobre algunas vértebras y que en ocasiones los pacientes se sorprenden al descubrir la sensibilidad de estas localizaciones, de las que no tenían sospecha. En 1.828 Thomas Brown, de Glasgow, también había notado que algunas mujeres jóvenes tenían en su columna puntos dolorosos a la presión o al pellizco y que este dolor era “en la mayoría de los casos mas severo que los de las enfermedades vertebrales reales”13, introduciendo el término “spinal irritation”. En 1.832 Parrish14 apunta que la irritación espinal aparece como una “peculiar neurologic affection of females”

Hay que esperar hasta 1.840 para que otro francés,  Jean Bouillaud (1.796-1.881), también profesor de medicina de la Universidad de Paris, como Baillou; distinga claramente entre fiebre reumática y reumatismo muscular. Pero este reumatismo muscular tenía una interpretación distinta para las escuelas inglesa y francesa respecto a la alemana y escandinava. Mientras para los alemanes la enfermedad se caracterizaba por la formación de zonas de endurecimiento, nódulos o proceso inflamatorio en las fibras musculares, para los ingleses se trataba de un proceso que afectaba más al tejido conjuntivo. William Balfour15, de la Universidad de Edimburgo, en 1.824, y Scudamore16 en 1.827, describen la existencia de nódulos dolorosos y su relación con el reumatismo, atribuyendo esta observación a inflamación en el tejido conectivo fibroso del músculo.

François Walleix17 en 1.841 comenta en su tratado sobre las neuralgias, “Traité des Néuralgies; ou Affections Douloureuses des Nerfs”; que existían zonas no dolorosas de forma espontánea y que si lo eran a la presión. Además señala que la presión sobre estos puntos dolorosos puede producir dolor irradiado y que a veces se asociaban a síntomas somáticos. Desafortunadamente confunde los puntos dolorosos afectados por este reumatismo muscular, con el dolor encontrado en patologías como la neuralgia del trigémino.

Para algunos autores18, la primera descripción acreditada de los síntomas de la fibromialgia en la literatura médica, se realiza en 1.843 por el médico alemán Robert Froriep, que determinó la presencia de lugares “endurecidos” y “dolorosos” a la presión en los músculos, en 148 de 150 pacientes con reumatismo de partes blandas. En 1850, Thomas Inman emite la hipótesis de que la contracción y el espasmo muscular causaba los nódulos reumáticos19.

En 1.865 Dupuy20 publica el “Tratado del reumatismo muscular o neuromialgia”, a la que define como una alteración local, afebril, no artrítica, de las funciones sensitivas de los nervios, sin alteración orgánica apreciable; definición que puede recordar al síndrome de dolor miofascial o en alguna forma a la FM.

Jacob Méndez da Costa21, un cirujano de la Unión en la guerra civil americana (1.861 – 1.865), entrenado en Viena, Praga y Paris, describe en 1.871 el “effort syndrome” ó “irritable heart”, un cuadro con hallazgos que pueden recordar los asociados a la FM. Los soldados que tenían “irritable heart” manifestaban quejas de disnea, vértigo, palpitaciones, falta de aliento, cefalea, alteraciones digestivas, dolor torácico, alteraciones del sueño y una fatiga crónica inexplicable, que requería su eliminación del campo de batalla. Sin embargo en las autopsias no se detectaban anomalías estructurales, por lo que Da Costa propuso que debía existir “una conexión entre alteración funcional y cambio orgánico”. 

La masajista sueca Unna Helleday, en 1.876 describe el dolor neurálgico como propagado desde los nódulos en músculos reumáticos22, y en 1.893 D. Graham, un médico de Boston, escribe23 que la base fisiopatológica del reumatismo muscular es “probablemente la coagulación de sustancia muscular contráctil semifluida y la adhesión de fibrillas musculares”.  

Primera mitad del siglo XX

En 1.904, el neurólogo inglés Sir William R. Gowers24 (1.845-1.915), en una lección sobre el lumbago “A Lecture on Lumbago: It’s Lessons and Analogues”, celebrada en el National Hospital for the Paralysed and Epileptic, de Londres, acuña el término Fibrositis, término que no será cambiado por el de fibromialgia hasta 1.976 por Hench25. Se pensaba que la ciática se debía a un proceso inflamatorio que afectaba al nervio, tejido fibroso y fascia muscular, de manera que el lumbago y el reumatismo muscular debían ser de origen inflamatorio. Gowers también describe los conceptos de amplificación dolorosa, síndrome postraumático, la falta de eficacia de los salicilatos, los beneficios de una manipulación suave y menciona las alteraciones del sueño y el agotamiento como consecuencias del dolor. Incluye como factores agravantes o precipitantes la exposición al frío y aunque no menciona como hallazgo ningún punto doloroso palpable, atribuye el dolor a hipersensibilidad del huso muscular.

En el mismo año, Ralph Stockman26, patólogo de Edimburgo y profesor de medicina de la Universidad de Glasgow, hace una primera referencia a pacientes con dolor crónico “aching, stiffness, a readines to feel muscular fatigue, interference with free muscular movement, and very often a want of energy and vigour”. También publicaba los estudios histológicos realizados sobre nódulos o induraciones palpables observados en las regiones dolorosas de los pacientes, describiendo alteraciones de características inflamatorias, con hiperplasia del tejido conectivo fibroso y exudación serofibrinosa en los músculos, sin infiltrados leucocitarios. Aunque los hallazgos de Stockman no serían posteriormente confirmados, su publicación en este momento sirvió de apoyo al término fibrositis.

Se producía así la combinación del concepto Alemán de los nódulos, con el concepto Británico de tejido conectivo inflamado; de manera que durante muchos años los médicos consideraron que la inflamación era la causa del reumatismo de los tejidos blandos. De esta forma el término fibrositis dominó la bibliografía en el terreno de los síndromes musculares dolorosos.

En 1.915 Llewellyn,  un médico del hospital de Bath, y Jones, un cirujano de esta misma localidad, publicaron un libro titulado Fibrositis27. El término es utilizado aquí de forma imprecisa, incluyendo dentro del mismo, enfermedades como la artritis reumatoide y la gota.

En esta primera mitad del siglo XX la terminología empleada para describir los cuadros dolorosos por posible afectación de tejidos blandos del aparato locomotor es muy amplia e incluye autores y denominaciones como “fibromiositis nodular” de Telling28 (1.911), “Miofascitis” de Albee29 (1.927), “miofibrositis” de Murray30 (1.929), “perineuritis” de Livingstone en 1.930, “mialgia idiopática” de Gutstein31 en 1.940, ó “mialgia reumática” de Good 32 en 1.941. Durante la segunda mitad del siglo XX se anadirían términos como el de “miogelosis” por Wallraff33, 34, en 1.951, “miodisneuria” por Gutstein35 - 37 en 1.955, “miofibrositis intersticial” por Award38, 39, en 1973, ó el de  “tendomiopatía generalizada” por Probst40 en 1986.

Cornelius en 1.933 y Hunter41, un médico canadiense, en el mismo año, describen casos en los que dolor localizado en la región abdominal, provenía de puntos dolorosos en los músculos abdominales anteriores. Wolferth, de la universidad de Pensilvania, en 1.938, observa en pacientes con trombosis coronaria que habían realizado reposo en cama durante periodos prolongados, que era posible reproducir el dolor espontáneo del hombro aplicando presión en puntos focales de músculos alrededor de la escápula y que la presión firme sobre estos puntos desarrollaba dolor a distancia en cuello y brazo. John Kellgren42, profesor de reumatología de la Universidad de Manchester, realiza en 1.938 una serie de estudios en voluntarios sanos, mediante inyecciones de cloruro sódico en las fascias de diferentes músculos, fundamentalmente glúteo mediano, tibial anterior, deltoides y pectoral mayor, entre otros, observando la aparición de dolor difuso en áreas a distancia considerable del punto de inyección, de forma reproducible, como zonas de dolor referido.

El reumatólogo canadiense Wallace Graham43 fue el primer norteamericano en utilizar en 1.940 el término fibrositis y el encargado de escribir el capitulo correspondiente a la fibrositis en las primeras ediciones del libro de texto de reumatología de Comroe/Hollander en 1.949.

A finales de los años 30 y 40 aparecen dos conceptos relacionados con la fibrositis: El del síndrome doloroso miofascial  y el del reumatismo psicógeno. El “síndrome doloroso miofascial”, acuñado por Janet Travell (1.901-1.997) y David Simons44, estaba caracterizado por dolor en uno o mas grupos musculares, con el hallazgo típico de un punto gatillo, entendiendo por tal aquella zona del músculo cuya presión desencadena dolor en el mismo sitio o dolo a distancia, diferenciando estos autores entre puntos gatillo activos, que dan clínica espontáneamente, y latentes, los cuales solo se encontraban en la exploración. Para estos autores la etiología sería traumática o biomecánica y podría acompañarse de trastornos del sueño. Travell45, que fue jefe médico de la Casa Blanca desde 1.961  a 1.965, bajo los mandatos del 35 presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1.961 – 1.963) y del 36 presidente Lyndon B. Johnson (1.963 – 1.969), estaba claramente influenciado por los estudios y publicaciones que durante los años 30 y 40 realizaron Michael Good en Gran Bretaña, que describió de forma exhaustiva el mapeado de los puntos miálgicos, y el Australiano Michael Nelly, que conectó los síndromes de dolor visceral con la fibrositis. Aunque atribuido a Travell y Simons, el término de síndrome doloroso miofascial es probable que fuera introducido un poco antes por Steindler, en 1.938, quién mencionaba ya la existencia de los puntos dolorosos que posteriormente se considerarían característicos de la FM46.

En 1.947, Boland introduce el término de “reumatismo psicógeno”, o “reumatismo tensional”, cuadro clínico en el que existiría una ausencia de hallazgos que justificasen la sintomatología, por lo que esta se atribuyó a una psiconeurosis, expresión donde quedó encuadrada la enfermedad47.

Como diagnóstico específico, la fibrositis comienza a ser discutida, al hacerse aparente por muchos observadores que los hallazgos de los sutiles nódulos del tejido blando, parecen depender fundamentalmente del deseo del examinador para apreciar su presencia y que tales nódulos están a menudo ausentes en pacientes con dolencias reumáticas crónicas y  frecuentemente presentes en individuos normales o libres de síntomas. Hench en 1.930 escribe que “algunos autores hablan de nódulos fibrosíticos, mientras que para otros solo son accesibles al dedo de la fe”. En 1.944, Elliot considera que “no existen tales nódulos fibrosíticos, sino que se trata realmente de espasmos musculares”. Según Simons, en una publicación americana se recoge que los síntomas de dolor muscular, rigidez y agotamiento, solo ocasionalmente se asociaban a nódulos palpables, los hallazgos de laboratorio eran normales y las biopsias musculares mostraban actividad fibroblástica y leves cambios degenerativos en los casos crónicos.

Arthur Steindler48, profesor de cirugía ortopédica de la universidad de Iowa fue el primero en dar el nombre de “trigger points” a los puntos de máxima sensibilidad en los músculos desde los cuales el dolor es referido a distancia y el primero en emplear el adjetivo “myofascial” cuando describe el dolor referido desde los trigger points del músculo glúteo mayor, en el que denominó en 1.940 “síndrome miofascial glúteo”.

Se considera que son Cornelius y Kellgren los que establecen la distinción entre puntos dolorosos y “trigger points” o puntos gatillo, de manera que los puntos gatillo serian aquellos cuya presión desencadenaría síntomas a distancia.

A mediados de los años 40, los estudios anatomopatológicos realizados en la Clínica Mayo, demostraron que en el tejido conectivo de los pacientes con fibrositis, la inflamación no estaba presente. Hench25 y Collins49, mediante estudios metódicos, rechazan el carácter inflamatorio del proceso, en oposición a los datos publicados por Stockman. Esta falta de hallazgos histológicos y la frecuente presencia de estados de ansiedad o de depresión en estos pacientes, condujo a pensar que el dolor de la fibrositis era de naturaleza psicógena. En este sentido, Halliday50 sostiene que las personas que sufren una enfermedad psiconeurótica, desarrollan frecuentemente un complejo sintomático que incluye dolor, rigidez y limitación del movimiento, con o sin pérdida de fuerza asociada. Bonica51 considera que el dolor de la fibrositis es debido fundamentalmente a tensión muscular originada por una alteración psíquica, creándose un círculo vicioso entre ambos.

Aparte de la concepción psíquica, Kelly en 1.945 intenta explicar la fibrositis emitiendo la “teoría refleja”, consistente en que los impulsos generados en la lesión tisular llegarían al sistema nervioso central (SNC), donde tendrían conexiones con otras células, cuyos impulsos viajarían antidrómicamente y producirían dolor en el punto miálgico, el cual a su vez, produciría sus propios impulsos que de nuevo a través del SNC y de la propagación antidrómica, viajarían a áreas de dolor referido. Una excitabilidad aumentada del SNC por estrés o enfermedad, facilitaría el desarrollo de puntos miálgicos.

En estas misma fechas (1.947), Coopeman52 explica el dolor fibrosítico de la región lumbosacra y glútea por edema y herniación de los lobulillos del tejido graso subcutáneo. Lógicamente numerosos investigadores se centraban en el músculo para encontrar las anomalías de los pacientes con FM, así Brendstrup y colaboradores53 encuentran un aumento de la tinción de mucopolisacáridos ácidos, edema, aumento en el número de núcleos y células mastoides; mientras Miehlke y colaboradores54 encuentran además de un incremento de mucopolisacaridos ácidos, células cebadas, aumento del número de núcleos y cambios distróficos; una proliferación de tejido conectivo y distorsión mitocondrial. 

Durante la primera guerra mundial, se diagnosticaron 600.000 casos de síndrome Da Costa entre las fuerzas Británicas, de los que aproximadamente 44.000 recibían pensión médica. En 1.941 Wood55 sugiere que los pacientes con síndrome Da Costa “deben ser informados de la naturaleza de su enfermedad y tratados como psiconeuróticos” y en 1.942 Hutchison56 aprecia que aproximadamente el 69% de los problemas reumáticos enviados a su hospital de la armada, lo era por fibrositis. También en 1.942, Savage aprecia en alguno de sus 141 pacientes con fibrositis,  una marcada mejoría tras inyecciones de procaina57.

Simons menciona una publicación justamente después de la segunda Guerra Mundial, donde claramente se detalla la presentación de hallazgos típicos de la fibrositis, con lugares o puntos miálgicos en músculos específicos del cuerpo, cefalea, artralgias en hombros, antebrazos y manos, pleurodinia, dolor ciático, artralgias en rodillas, dolor referido difuso con hiperalgesia profunda en las mismas áreas, sensación de hinchazón tisular y rigidez o debilidad muscular.

Segunda mitad del siglo XX


Durante la década de los sesenta se produjeron notables avances en el orden clínico, patogénico y conceptual del proceso. Traut58 en 1.968, describe la fibrositis como un síndrome constituido por dolor generalizado, cansancio, trastornos del sueño y dolor a la palpación en lugares de inserción de músculos y tendones, concepto muy parecido al de la actual fibromialgia.

Black y colaboradores59 de la Universidad de Washington, introducen en 1.975 el término “chronic pain syndrome”, para describir a una serie de pacientes con dolor persistente en los que no se evidenciaba la causa, con historia de múltiples visitas médicas, sometidos a múltiples exploraciones que no permitían aclarar el diagnóstico, causante de una preocupación excesiva y constante para el paciente y sus familiares y que además resultaba intratable. La utilización posterior de este término de forma inadecuada por otros autores, desvirtuó la idea inicial, aplicándose actualmente con una significación distinta de la original.

Sternbach y colaboradores60 introdujeron en 1.976 el término “chronic benign pain”, para diferenciar el dolor crónico asociado al cáncer y el dolor crónico no asociado a neoplasia. Fue muy cuestionado, ya que en principio, cualquier dolor crónico puede considerarse ciertamente como algo no benigno.

En cualquier caso, el término fibrositis resultaba a estas alturas impreciso, aplicándose a una amplia gama de procesos dolorosos de partes blandas, producidos tanto por un traumatismo como por el calor, frío, enfermedades infecciosas o asociados a alteraciones psíquicas.

En 1.976, Hench2 propone y utiliza por primera vez el término Fibromialgia, para resaltar la importancia de los fenómenos dolorosos y la ausencia de datos inflamatorios, que por otra parte presuponía el término fibrositis.

Se acepta, que la historia moderna de la enfermedad comienza con los estudios del reumatólogo  Smythe y del psiquiatra Harvey Moldofsky61 en 1.977. Con estos autores se publican los primeros criterios diagnósticos, se realiza la primera descripción y mapeado de los puntos dolorosos y se describe, en el estudio electroencefalográfico (EEG) de 7 de 10 pacientes,  la existencia de alteraciones del sueño, con intrusión de ondas alfa en la fase IV del sueño NREM62. Además, argumentan una teoría patogénica según la cual, esta merma del sueño profundo, que resultaría fundamental para la recuperación muscular, explicaría el cansancio, fatiga y dolores musculares generalizados. Describen también, que privando de esta fase del sueño a voluntarios sanos, se conseguía disminuir la presión necesaria para provocar dolor a la presión en determinados puntos, cosa que no sucedía en los sujetos sin alteraciones del patrón de sueño63 y prefieren el término de “síndrome del sueño no reparador”, a los previos de fibrositis o fibromialgia. El propio Smythe64 en 1.979 propone una nueva teoría patogénica, considerando a la fibromialgia como un síndrome de amplificación del dolor, de la misma naturaleza que los síndromes distróficos reflejos o el síndrome de abstinencia de narcóticos; propuesta que es aceptada en 1.984 por Moldofsky y colaboradores65 que denominan a la enfermedad con el término descriptivo de “rheumatic pain modulation disorder”.

En todo este devenir histórico, las dudas etiológicas y los conocimientos puntuales, condicionaron que en esta enfermedad se hallan utilizado más de 60 sinónimos, algunos de los cuales recogemos en la TABLA 1.1

 

TABLA 1.1 Sinónimos de Fibromialgia

 


Fibrositis primaria. 

Fibromiositis.

Fibrositis intersticial.

Fibromiopatía.

Mialgia.

Mialgia idiopática.

Mialgia reumática.

Mialgia tensional.

Miodisneuria.

Miofascitis.

Miofibrositis.

Miofibrositis intersticial.

Miogelosis.

Miopatía funcional.

Neurofibrositis.

Perineuritis.

Reumatismo abarticular.

Reumatismo de partes blandas.

Reumatismo muscular.

Síndrome de dolor miofascial.

Síndrome fibromiálgico.

Síndrome fibrosítico.

Síndrome de insuficiencia neuroendocrina.

Síndrome miálgico tensional.

Síndrome miopático.

Síndrome miotensivo.

Tendomiopatía  generalizada


 

En la década de los 80 y de los 90, el interés del proceso y los estudios sobre diversos aspectos de la FM crecen de forma geométrica. En 1.984, Yunus66 plantea la idea de que enfermedades como la FM, la migraña, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome del colon irritable, la dismenorrea primaria, la disfunción temporo-mandibular, el síndrome de dolor miofascial, el síndrome de las piernas inquietas y otros; constituirían formas de presentación de un conjunto común de alteraciones, o síndromes disfuncionales, que presentaban cuatro características típicas. 1- Hallazgos clínicos comunes. 2- Ausencia de lesiones perceptibles. 3- Asociación mayor entre ellas que con un grupo control, y 4- respuesta terapéutica a fármacos de acción central.

El número especial del American Journal of Medicine de Septiembre de 1.986, da un auténtico espaldarazo y marca probablemente la entrada “oficial” de la FM en la literatura médica67.

En 1.989 se produce un serio esfuerzo para intentar clarificar síndromes que se superponen a la FM, fundamentalmente el síndrome de dolor miofascial, por medio de un simposium internacional sobre dolor miofascial y fibromialgia, celebrado en Minneapolis, USA (The First International Symposium on Myofascial pain an Fibromyalgia), donde se plantearon muchas cuestiones, pero se obtuvieron pocas respuestas. En este simposio, Awad postula una teoría explicativa de los “nódulos fibrosíticos”, consistente en la existencia de una sobreproducción y no una disminución en la descomposición de los mucopolisacáridos, de acuerdo con los hallazgos de los trabajos de Brendstrup53 y Miehlke54, o los mas recientes de Bengtsson68 y Henriksson69, lo que supondría un aumento en la cantidad de mucoplisacáridos ácidos en los nódulos fibrosíticos, como una lesión ocupante de espacio y que este fenómeno es el que se aprecia en la palpación del nódulo fibrosítico y/o hinchazón del músculo70.

Tres años mas tarde (1.992), el segundo congreso Mundial, celebrado en Copenhague, emite un documento oficial sobre fibromialgia, conocido como la declaración de Copenhague71, 72. En este documento se sintetizan los resultados del panel de expertos internacionales y durante esta conferencia de consenso se establecieron numerosas cuestiones en relación con diferentes aspectos de la enfermedad.

El disponer desde 1.990 de unos criterios homologados por el Colegio Americano de Reumatología (ACR), ha facilitado los estudios epidemiológicos, la clasificación de los pacientes para estudios etiológicos y la valoración de distintos ensayos terapéuticos. Antes de 1.990 y durante la mayor parte del siglo XX, la fibromialgia se había considerado predominantemente como un desorden muscular. Posteriormente se han elaborado numerosas hipótesis etiológicas (psicogénica, inflamatoria, alteraciones neuroendocrinas, disturbios del sueño, trastornos de la serotonina, déficit de flujo sanguíneo en determinadas áreas cerebrales, etc.), considerándose la anomalía crítica como una sensibilización central73. Se ha reconocido como relevante en el desarrollo de la FM que esta sensibilización central tendría una génesis inicial en estímulos nociceptivos de focos dolorosos en el músculo74. Pero clínicamente también se ha reconocido una asociación entre el inicio de la FM y problemas psicológicos crónicos75 o alteraciones inflamatorias, lo que dificulta el conocimiento sobre como estos acontecimientos, aparentemente diversos, pueden afectar la fisiología del dolor central. Han ido emergiendo algunos indicios sobre el papel que diversos estímulos son capaces de jugar en la activación de células gliales, incluidas las citoquinas, abriéndose nuevas perspectivas sobre el desarrollo de las investigaciones en el proceso76.

En los años 90, tanto en el contexto médico, como extramédico, la FM se convierte en la enfermedad de la década, con una inundación de editoriales en revistas no especializadas y libros para el público en general (126 en amazona.com). Thompson77, en 1.990 propone el término “tensión-mialgia”, utilizado en la Clínica Mayo, para intentar unificar los de fibrositis, fibromialgia y síndrome de dolor miofascial. Hudson y colaboradores78, 79, en un concepto teórico distinto, incluyen la FM dentro del espectro de alteraciones afectivas, como la depresión mayor, el déficit de atención-hiperactividad, el síndrome del colon irritable, la migraña, la ansiedad, las alteraciones obsesivo-compulsivas o las fobias; concluyendo estos autores que todas estas enfermedades presentan una alteración común en la esfera afectiva.

En 1.990 el American College of Rheumatology propone unos criterios de clasificación para la FM, que son los que se siguen aplicando en la actualidad. En 1.992 es reconocida por la OMS como una entidad clínica y en 1.996 los criterios diagnósticos quedan recogidos en un documento de consenso “Consensus Document on Fibromyalgia”80, que basado en datos e informaciones sobre diversos aspectos de la enfermedad, es revisada al año siguiente, incluyendo comentarios adicionales ya que la continua búsqueda, las limitaciones en el tiempo y los nuevos datos sobre el informe original, que se había recopilado en Junio de 1.994, parecían requerirlo81. En 1.994 esta entidad es reconocida por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor y durante esta década se desarrollan numerosos grupos y asociaciones activas, que tratan de demostrar de diferentes formas la legitimidad del diagnóstico, influyendo en los factores envueltos en esta legitimidad, que serían los de llegar a la inclusión diagnóstica en la comunidad médica, la aceptación social del diagnóstico, la incertidumbre en la búsqueda de las causas y la movilización social82. Algunas de estas asociaciones entienden que la enfermedad es producida por deficiencias inmunes o anomalías químicas corporales tratables, aumentando el número de autodiagnósticos y comentándose por numerosos autores la posibilidad de que se estuviera realizando un sobre-diagnóstico médico del proceso. En esta línea suele comentarse un trabajo en el que 11 individuos diagnosticados de fibromialgia, eran posteriormente etiquetados de espondiloartritis83. Sin embargo el titulo del trabajo, “sobre-diagnóstico del síndrome de fibromialgia”; y los resultados obtenidos, no son en realidad concordantes, ya que 5 pacientes con espondiloartropatía padecían además fibromialgia y cuatro de los sujetos diagnosticados de espondiloartritis, tenían radiografías de sacroiliacas normales. Fitzcharles y Boulos84 estudiaron, prospectivamente, la exactitud en el diagnóstico inicial de FM realizado sobre los pacientes remitidos a una consulta de reumatología en un periodo de 6 meses. Un 12% del total de pacientes, (76 casos), eran enviados con el diagnóstico probable o final de FM. Tras revisión por el reumatólogo, el diagnóstico se consideraba correcto en un 34% de los casos. Sarzi-Puttini y colaboradores85 estudiaron la precisión en el diagnóstico de FM en 115 pacientes enviados a la consulta reumatológica con esta sospecha diagnóstica. El diagnóstico, tras un seguimiento de tres meses, se confirmaba en el 56,5% de los casos. Existiría por lo tanto una inexactitud en el diagnóstico, tendente al sobrediagnóstico de la enfermedad, por los médicos que remiten pacientes a las consultas de reumatología, explicándose así para estos autores la elevada cifra de diagnósticos sobre el proceso, de manera que otras enfermedades reumáticas se diagnostican como FM o se envían a consulta por síntomas que pueden simular la enfermedad. En general, el fallo en la respuesta a AINES suele ser la razón mas frecuente para el envío al reumatólogo de los casos con dolor crónico musculoesquelético.

Una encuesta realizada en Canadá a principios de los años 90 por White y colaboradores86 para valorar el aumento en la frecuencia de consultas por FM entre reumatólogos, concluyó que este proceso se situaba entre las tres patologías más frecuentes, resultaba tras la osteoartrosis (28,1%) el que presentaba mas alto porcentaje de nuevas visitas reumatológicas (23,4%) y el de mayor incremento en los últimos 5 años en la estimación de los reumatólogos consultados. Es posible que esta cifra sea aún mayor, si tenemos en cuenta datos como los aportados en el año 1.997 por Rekola y colaboradores87, quienes durante el análisis de la utilización de los servicios primarios de salud en Finlandia, por dolor en hombro y en cuello, observan que aproximadamente el 25% de los pacientes que visitan al médico de asistencia primaria por esta sintomatología local, en realidad forma parte de síntomas musculoesqueléticos difusos. Estos síntomas musculoesqueléticos suponen la mitad de las visitas, y el 20% de las mujeres y el 7% de los hombres con dolor en hombro o cuello visitaban al médico unas 10 veces por año.  Estas apreciaciones, han sido confirmadas por los trabajos de Rohrbeck y colaboradores88, que trataron de determinar si los pacientes que consultan regularmente en asistencia primaria por múltiples síndromes de dolor regional, presentan características consistentes con dolor crónico difuso. El seguimiento de 148 casos con diferentes dolores musculoesqueléticos durante 5 años y de 524 controles que no consultaban por dolor musculoesquelético, durante el mismo tiempo, les permitía observar que los casos con dolor presentaban mayores niveles de fatiga, peor salud general y mayor alteración del sueño que los controles. Para estos autores, los pacientes que consultan en asistencia primaria por múltiples síndromes de dolor regional, presentan características similares a los casos con dolor crónico difuso y con FM.

En EE. UU., el National Institute of Health (NIH), es la principal entidad del gobierno federal encargada de dotar de fondos la investigación sobre FM y dentro de este instituto, el National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIAMS), es probablemente el mas implicado en esta empresa, aunque cada vez mas agrupaciones de forma directa o a través del propio NIAMS están dedicando fondos a la investigación sobre la enfermedad. Los estudios pretenden cubrir áreas tan interesantes como la de los ritmos circadianos y trastornos del sueño, así como los mecanismos implicados en el dolor crónico y las alteraciones del sistema neuroendocrino. En el año 1.996 el NIAMS patrocinó una reunión científica sobre la neurociencia y la endocrinología de la fibromialgia, en la que investigadores y expertos en dolor crónico, neuroendocrinología, ritmos circadianos y trastornos del sueño, trataron de identificar la problemática y estudiar las necesidades de nuevas líneas de investigación. En 1.998, el programa Basic and Clinical Research on Fibromyalgia fue dotado de fondos por el NIAMS, junto a otros institutos del NIH, entregando a finales de 1.999 unos 3,6 millones de dólares en becas a 15 investigadores del NIAMS y de otros institutos adicionales que incluían el National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS), el National Institute of Dental and Craneofacial Research (NIDCR) y la Office of Research on Women’s Health (ORWH), para estudios destinados a clínica y patogenia de la FM.   

La magnitud e importancia de la enfermedad puede deducirse tras los estudios de Lawrence y colaboradores89, sobre la previsión de prevalencia estimada de artritis y enfermedades musculoesqueléticas en los Estados Unidos de América para el año 2.020. La inclusión de los diagnósticos de osteoartrosis, artritis reumatoide, artritis reumatoide juvenil, espondilartropatías, lupus eritematoso sistémico, esclerodermia, polimialgia reumática, arteritis de células gigantes, gota, fibromialgia y lumbalgia; permite estimar un número global de afectados por estas enfermedades para el año 2.020 de  59,4 millones. Pero teniendo en cuenta el aumento de longevidad de la población con enfermedades reumáticas crónicas en EE. UU., el Centers for Disease Control and Prevention90 ha calculado que 67 millones de adultos mayores de 18 años estarán diagnosticados de enfermedad reumática en el año 2.030. Esto supondría un incremento del 16% en los diagnósticos de patología musculoesquelética entre el 2.005 y el 2.030, aunque 14 estados proyectan un incremento de diagnósticos del 30 al 87%. El propio Lawrence y colaboradores, en su revisión de 2.007, estiman una prevalencia para la FM en Estados Unidos de 5 millones de individuos91.

Marder y colaboradores92, en un estudio destinado a determinar las necesidades de reumatólogos en EE. UU., observaron que la FM ocupaba mas de un 15% de las consultas reumatológicas, siendo el segundo diagnóstico más frecuente en clínica, de manera que estiman en unos 7 millones de individuos estadounidenses los que padecerían la enfermedad. La cifra de pacientes con FM en EE.UU., puede también calcularse teniendo en cuenta que este diagnóstico podría encontrarse en aproximadamente un 2% de la población93. 

En España, la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados en su sesión de 19 de Septiembre de 2.000 y a proposición del grupo mixto, aprobó una proposición no de ley para mejorar la asistencia médica y social a los pacientes con FM, instando al Gobierno para: 1- Analizar en el seno del Consejo Ínter territorial del Sistema Nacional de Salud la incidencia y problemática de la fibromialgia y la necesidad o conveniencia de difundir entre los profesionales de Atención Primaria y Atención Especializada la evidencia científica disponible sobre esta patología, su protocolo diagnóstico y las alternativas terapéuticas disponibles. 2- Seguir manteniendo la máxima coordinación y colaboración con las Asociaciones de Autoayuda en la labor que realizan de apoyo, información y orientación a los enfermos afectados por el síndrome fibromiálgico y a sus familiares.

La Subcomisión de Prestaciones del Consejo Ínterterritorial del Sistema Nacional de Salud, debatió el contenido de esta Proposición no de Ley en Mayo de 2.001 y tras un análisis de situación decidió crear en Abril de 2.002 un Grupo de Trabajo que realizara un documento de consenso que abordara la problemática y el manejo de la FM. Este grupo, constituido en Septiembre de 2.002 y coordinado por la Subdirección General de Programas y Servicios Sanitarios de la Dirección General de Planificación Sanitaria, sistemas de información y Prestaciones, elaboró un documento para avanzar en las pautas de actuación ante esta patología, que fue remitido a las comunidades autónomas en Enero de 2.003, para su envío a las asociaciones de afectados por FM, y que estas emitieran las observaciones oportunas. En Diciembre de 2.003, el Gobierno, en respuesta a la pregunta formulada a la mesa del Congreso de los Diputados por el grupo mixto, indicaba que el documento se encontraba en fase de publicación, para su posterior difusión, como se recoge en la Proposición no de Ley, entre los profesionales sanitarios. En el documento inicial del grupo de trabajo, pendiente de las sugerencias de las asociaciones de pacientes, se recogieron las siguientes 12 recomendaciones:

1-       La FM debería ser diagnosticada y tratada por los profesionales de atención primaria, aunque hay casos en que la evolución del cuadro, la ausencia de respuesta a la terapia o la complejidad del proceso pueden hacer necesaria la intervención de la atención especializada, bien por un especialista o un equipo multidisciplinar. Una vez diagnosticado y estabilizado el paciente, puede ser derivado de nuevo a atención primaria. Para ello es imprescindible una buena coordinación entre primaria y especializada, con la elaboración de protocolos específicos en el área de salud y sus hospitales de referencia, optimizando la red de recursos disponibles.

2-       Es necesario mejorar la formación del conjunto de profesionales que pueden verse implicados en el abordaje de la FM, con el fin de garantizar a los pacientes una adecuada respuesta a sus necesidades.

3-       Se requieren mas estudios sobre el grado de conocimiento de la FM por parte de los profesionales, con el fin de orientar las intervenciones que mejoren el nivel del mismo, contribuyendo a dar una respuesta y apoyo adecuados en cada momento a sus necesidades específicas y sobre el conocimiento y actitud de la población general hacia la FM.

4-       El enfermo de FM debe ser informado desde el principio sobre su sintomatología y su pronóstico, desdramatizando la evolución, aportando expectativas positivas y potenciando su colaboración con las terapias mediante la confianza en una probable mejoría.

5-       Es imprescindible individualizar el tratamiento en cada caso, buscar el fármaco o la combinación mas adecuada, introducir los tratamientos progresivamente y explicar al paciente con claridad lo que se espera de ellos, ya que los pacientes con FM suelen tener patologías asociadas y además manifiestan con mucha frecuencia intolerancias farmacológicas múltiples.

6-       Debería elaborarse un cuestionario de afección vital que recogiera información sobre la calidad de vida, situación laboral y valoración clínica, adecuado a la población española y consensuado con las sociedades científicas y colectivos implicados. Sería conveniente validar el cuestionario del impacto de la fibromialgia (FIQ) con muestras de población española y a partir de esta validación avanzar en escalas de valoración mas rápidas.

7-       Sería aconsejable utilizar un método estandarizado y/o un algómetro en la determinación del umbral de dolor en los procesos de investigación en la fibromialgia.

8-       Resulta necesario iniciar estudios que evalúen el impacto familiar y las necesidades de los cuidadores en la FM.

9-       Debería realizarse una labor conjunta de las administraciones competentes implicadas, las asociaciones de autoayuda y las sociedades científicas, para crear una masa crítica de opinión pública suficientemente informada, que contribuya a superar la escasa valoración social de la FM.

10-   Es preciso fomentar una estrecha coordinación de los servicios asistenciales con los servicios de salud laboral y los de recursos humanos de las empresas, con el fin de facilitar la máxima integración laboral de los afectados por FM.

11-   Se debería avanzar en la elaboración de protocolos de evaluación de la incapacidad en relación con la profesión habitual o con cualquier profesión remunerada de los afectos por FM, con la finalidad de que puedan ser calificados, en función de su situación y pronóstico personal, dentro de cualquiera de los grados de incapacidad reconocidos en la normativa de Seguridad Social o de minusvalías.

12-   Dada la prevalencia de esta enfermedad y su importante repercusión individual, familiar y social, se recomienda la apertura de líneas de investigación básica, clínica y aplicada en esta enfermedad dentro del Plan Nacional de Investigación y Desarrollo.

Tras las observaciones remitidas por la Asociación Cántabra de Enfermos de FM (ACEF), la Asociación de Fibromialgia de Ceuta, la Asociación de Fibromialgia de la Comunidad de Madrid (AFIBROM) y las Asociaciones de Fibromialgia de Galicia; el Centro de Publicaciones del Ministerio de Sanidad y Consumo con la coordinación de la Unidad de Prestaciones de la Subdirección General de Programas y Servicios Sanitarios, ha confeccionado una monografía de 57 páginas, en la que se recogen directrices acerca del diagnóstico y tratamiento de la FM, señalándose su impacto vital, sanitario, familiar y laboral, con la finalidad de difundirlo entre los profesionales sanitarios, para adoptar pautas comunes de actuación ante esta patología94. Esta problemática ha condicionado en Noviembre de 2005, la presentación en el Parlamento Vasco, de una iniciativa tramitada por el Grupo Parlamentario Popular Vasco, como enmienda de transacción a la Proposición no de Ley, en la que se solicita al Servicio Vasco de Salud-Osakidetza, la elaboración por consenso de los profesionales, de un documento que sirva de protocolo en el tratamiento de pacientes con FM; la implantación de un Plan de Formación para esta enfermedad y que se dote presupuestariamente a este Plan de Formación95.

Durante año 2.002 se ha elaborado un documento de consenso de expertos en Cataluña96, sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad en esta comunidad autónoma española, en el que se recomienda definir el grado de afectación vital, dividiéndose en tres grados: 1- Afección vital leve: Escalas de valoración clínica con puntuación inferior al 50% y sin interferencia con la función o el trabajo. 2- Afección vital moderada: Escalas de valoración clínica entre un 50 y un 75% e interferencia con la función o el trabajo (pérdidas parciales de actividad). 3- Afección vital grave: Escalas de valoración clínica superiores al 75% y marcada interferencia con la función o el trabajo (imposibilidad para realizar el trabajo o situación de baja laboral por la enfermedad). También en España y en el año 2.003, se crean unidades específicas para el tratamiento de la fibromialgia.

En el año 2.004, un panel de expertos, reunidos por los Laboratorios Pierre Fabre, participaron en un consenso sobre el tema “Fibromyalgia, from complaints to evidence”97. La discusión se centró en cuestiones tales como: - Como puede diagnosticarse la FM. – Si pueden ser identificados diferentes subgrupos de pacientes. – Como realizar la evaluación de la actividad y de la severidad en la FM.

Las posibilidades que se plantearon en la discusión fueron, acerca de los criterios fueron:

A- Abandonar los criterios ACR 1.990 tal como están.

B- Usar criterios diferentes para la clínica y la investigación.

C- Frenar el uso de los criterios ACR 1.990 y usar la definición de dolor crónico difuso o subpoblaciones de dolor crónico difuso.

Acerca de subgrupos de FM:

A- Agrupación de acuerdo a FM primaria o reactiva.

B- Agrupar de acuerdo a síntomas asociados.

C- Agrupar de acuerdo a condiciones asociadas.

D- Agrupar de acuerdo a factores psicológicos y cognitivos.

E- Agrupar de acuerdo al grado de hiperalgesia.

Acerca de la evaluación de la severidad de la enfermedad y del impacto clínico:

A- Construir un índice de severidad integrado que tome en consideración los síntomas mediante EAV, depresión, ansiedad, disfunción cognitiva, calidad de vida, funcionamiento físico, etc.

Dentro de sus conclusiones se establecieron las siguientes recomendaciones:

1- Considerar para el diagnóstico de la enfermedad una modificación de los criterios ACR de 1.990, o construir nuevos criterios.

2- Establecer la necesidad del mismo tipo de criterios para el diagnóstico y la clasificación.

3- La necesidad de reconsiderar subgrupos de dolor crónico difuso (del que la FM constituiría un subgrupo significativo). Estos subgrupos deberían aprovechar todas las evidencias existentes en los diferentes seguimientos sobre características clínicas, incluyendo parámetros psicológicos, factores cognitivos, respuesta a tratamiento, etc.

4- Desarrollar instrumentos de medida de seguimiento integrado evaluadores de la actividad y severidad de la enfermedad en el dolor crónico difuso y en la FM. Estas herramientas de medida podrían incluir varias dimensiones y aspectos de la enfermedad, como son: El dolor y síntomas relacionados (fatiga, alteraciones del sueño, etc.). Funcionamiento físico. Incapacidad. Calidad de vida. Alteraciones psicológicas y cognitivas y disfunción somatosensorial.

En Abril de 2.005, con la dirección de Richard Gracely y Ernest Choy, la reunión de expertos realizaba nuevas recomendaciones, que han quedado recogidas bajo el titulo: Fibromyalgia: About Mechanism. Recommendations98. En estas recomendaciones se incluía: 

-          Revisar las características del diagnóstico.

-          Realizar estudios prospectivos con amplio número de pacientes, controles normales y parientes de pacientes.

-          Utilizar evaluaciones psicofísicas estandarizadas para los estudios.

-          Llevar a cabo estudios experimentales para determinar la contribución de los mecanismos centrales y periféricos de transmisión, en la amplificación dolorosa observada en la FM.

-          Estudiar en experimentos humanos la contribución de los sistemas reguladores del dolor a nivel central y periférico del sistema nervioso.

-          Identificar perfiles sensoriales para definir subgrupos de pacientes con FM.

-          Desarrollar modelos animales de FM que permitan el análisis de tratamientos farmacológicos.

-          Definir subgrupos de pacientes basados en respuesta a tratamiento.

-          Definir subgrupos para tratamientos específicos (Tratamiento a medida).

-          Seleccionar genes candidatos para clarificar aspectos genéticos de la FM.

-          Establecer un  grupo de expertos internacionales que elaboren protocolos para desarrollar estas recomendaciones99 - 101.

En Abril de 2.006, bajo la dirección de Francis Blotman y Michael Späth, una nueva reunión de 19 expertos, reunidos por los Laboratorios Pierre Fabre, elaboraba 18 recomendaciones bajo el título “Fibromyalgia: for a multidisciplinary support. Added to a pharmaceutical treatment”. Resumidamente fueron las siguientes:

1-       El grupo de expertos recomendaba revisar los criterios de FM, basándose en ítems clínicos y neurofisiológicos, que incluyeran umbral de dolor a la presión.

2-       Desarrollar medidas de seguimiento cuantitativas y cualitativas, basadas no solo en síntomas clínicos (dolor, fatiga, sueño), sino también en calidad de vida, autoeficacia, absentismo laboral y utilización de servicios sanitarios.

3-       Establecer un método fiable para determinar la sensibilidad dolorosa basal, tanto en investigación como en la práctica clínica.

4-       Es importante fomentar la búsqueda de subgrupos dentro de la enfermedad.

5-       Hay que tener en cuenta la ansiedad y la depresión para el tratamiento de los pacientes con FM.

6-       Es necesario proponer una definición pediátrica para la FM y establecer que factores pueden predecir la incidencia en niños.

7-       Hay que Incrementar los conocimientos sobre dolor crónico y FM en la comunidad médica, mediante entrenamiento médico en la universidad y con la inclusión de programas de educación continuada a los profesionales sanitarios.

8-       La información para los pacientes debe complementarse con educación sobre los diferentes aspectos de la enfermedad.

9-       Los expertos deben recomendar terapias multidisciplinares que incluyan aproximaciones farmacológicas y no-farmacológicas.

10-   La estrategia de tratamiento debe ser individualizada, coordinada y adaptada por profesionales sanitarios.

11-   Deberá aumentarse la autoestima para que el paciente obtenga un estilo de vida mas satisfactorio.

12-   Entre otras medidas terapéuticas, deben utilizarse los principios de la terapia cognitivo conductual.

13-   Deben prescribirse programas personalizados de ejercicio físico tanto para adultos como niños, y los pacientes implicados en asociaciones de FM, grupos de apoyo y de autoayuda deben participar en este propósito.

14-   Se precisan ensayos controlados, aleatorizados y basados en la evidencia para evaluar los efectos de tratamientos alternativos y complementarios en estos pacientes.

15-   Son importantes las medidas que hagan posible continuar con el trabajo. Son necesarios ajustes en los puestos de trabajo y recomendaciones de expertos en medicina del trabajo para estimular la permanencia al menos a tiempo parcial.

16-   La aproximación al tratamiento, debe considerar la conexión social del paciente.

17-   Debe informarse al paciente de las expectativas del tratamiento y adaptarlas de acuerdo con sus opiniones.

18-   Las asociaciones de pacientes deben enfocar sus actividades a la información, conocimiento de la enfermedad, educación, apoyo al paciente, colaboración con profesionales sanitarios para mejorar y desarrollar programas de educación y ejercicio físico, cooperación internacional y apoyo familiar y social102. 

Su diagnóstico ha ido aumentando en distintos sistemas de salud y de forma paralela el gasto generado por su asistencia y tratamiento, así como por el capítulo de indemnizaciones y pensiones de incapacidad. Pero este aumento de la demanda asistencial y de las reivindicaciones, no se ha visto acompañado de forma paralela por un auténtico progreso en el conocimiento etiológico y en la operatividad del tratamiento, generando preocupación por el control socio-sanitario del problema y percibiéndose en algunos casos, síntomas de frustración y ocasionales polémicas poco constructivas.

Los datos publicados sobre FM han presentado una tendencia progresivamente creciente, de forma que en la red Medline se recogían 114 citas en la década de los 70; 227 en los años 80 y 1.144 en los 90. En Noviembre de 2.001 se encontraban unas 72.000 referencias en Internet (excite.com). En Mayo de 2.003 se contabilizaban 695.000 referencias dedicadas a la FM en el buscador Google.com, que en Octubre de 2005 pasaban a ser 4.320.000 y en Mayo de 2.007 alcanzaban la cifra de 6.010.000.

La fibromialgia ha sido reconocida por la  WHO  (World  Health Organization)103 incorporándose al listado de OMS y clasificándose en el Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-10), con él código M 79.0, de acuerdo con las decisiones adoptadas en la Second World Conference on Myofascial Pain and Fibromyalgia de Copenhague en 1.992104. En el antiguo Manual de Clasificación Internacional de enfermedades (ICD-9) su código era el 729.0. También ha sido reconocida en 1.994 por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (I.A.S.P.) y clasificada dentro del grupo de Síndromes Relativamente Generalizados en su apartado 9 como Fibrositis o síndrome de dolor miofascial difuso, con el código X33 X8a, resultando por tanto una enfermedad universalmente aceptada.

Durante los últimos años, se ha examinado como la FM afectaba la vida y la carrera de personajes famosos. Entre ellos se incluye a Job, del Libro de Job, probablemente escrito entre 1.500 y 600 años antes de Cristo, entre las épocas de Noé y Moisés. Este personaje del Antiguo Testamento describe meses de sufrimiento, noches dolorosas, dolor continuo día y noche (VII, 3-4) y también otros síntomas “El dolor atraviesa los huesos, los consume y los dolores que me atacan no me dejan reposar” (XXX, 16-17). Por estas y otras quejas, numerosos autores consideran a Job como un ejemplo ancestral de FM. También encontramos a la pianista y compositoria Clara Schumann, (Clara Josephine Wieck 1.819 – 1.896), considerada la pianista mas importante del siglo XIX, esposa de Robert Schumann, uno de los mas renombrados compositores del Romanticismo alemán. Clara tuvo una vida llena de tragedias en el ámbito personal, como la separación de sus padres, la muerte prematura de cuatro de sus ocho hijos y el intento de suicidio de su esposo. Había sido diagnosticada de reumatismo, quejándose de intensos y contínuos dolores, crónicos, que se trataban con opio, masajes y curas en balnearios105. En esta lista se encuentra también el virtuoso del piano, compositor y director de orquesta ruso Sergei Vasilievich Rachmaninov105 (1.873 – 1.943), en el que el extraordinario tamaño y extensibilidad de sus manos, junto a sus hallazgos esqueléticos y miopía, apoyaría para algunos autores la existencia de un síndrome de Marfan106. La presencia asociada de cefalea, lumbalgia, rigidez de manos y dolor crónico, hace pensar en un cuadro de FM107.  Otro sospechoso de padecer FM es Alfred Bernhard Nobel (1.833 – 1.896)108, químico e ingeniero Sueco, cuyas 90 fábricas en mas de 20 países y sus mas de 335 patentes, además de la dinamita, le generaron unos beneficios superiores a los 33 millones de coronas suecas, que utilizó casi en su integridad para la creación de la Fundación Nobel en 1.900.

Charles Darwin (1.831 – 1.836)109 , que tras su vuelta a Inglaterra del periplo Americano e Islas del Pacífico, sufre una enfermedad misteriosa que le produce dolor, incluido dolor abdominal, intensa fatiga, vómitos, cefalea, insomnio, ansiedad y ezcema crónico, que algunos amigos interpretan como manifestaciones de un hipocondríaco, y otros tratan de explicar como una Enfermedad de Chagas, intoxicación por arsénico, intolerancia a la lactosa, enfermedad psicosomática o FM.

Frida Kahlo (1.907 – 1954)110, célebre pintora, víctima de un accidente de autobús a los 18 años, con múltiples fracturas, momento a partir del cual el dolor no cede, resulta resistente a todo tipo de tratamiento y se asocia a intensa fatiga. Fibromialgia o no, la representación del dolor en sus obras sugiere dolor crónico de numerosas localizaciones, como en su famoso cuadro “The broken column”, con múltiples clavos por todo el cuerpo.

Florence Nightingale (1.820 – 1.910), considerada como la iniciadora de la enfermería moderna, nació el 12 de Mayo de 1.820 en Florencia. En 1.856 enfermó de cólera durante una visita al campo de batalla en la guerra de Crimea, desarrollando un cuadro clínico posterior definido por algunos autores como de estrés postraumático, que se agravaría y la acompañaría el resto de su vida, y que podría interpretarse “a posteriori” como de FM. Tuvo que pemanecer en cama desde 1.896 hasta su muerte y fué la primera mujer en recibir la British Order of Merit (1.907). Su fecha de nacimiento (12 de Mayo), ha sido la escogida para celebrar el día mundial de la fibromialgia.

Las revisiones sobre la enfermedad, su clínica, posibles mecanismos patogénicos, seguimiento y tratamiento, siguen apareciendo en fechas recientes111 - 116, planteando para algunos autores un desarrollo futuro esperanzador117, enfocado sobre las influencias neurobiológicas centrales y/o genéticas, que permitan aclarar sus mecanismos ocultos y así mejorar los tratamientos de esta problemática enfermedad118.