Si algo tenemos en común los pacientes de esta rara enfermedad, es que al final de un largo camino de sufrimiento, incomprensión y duda, no recibimos recompensa sino castigo.
Tras pruebas que siguen a otras pruebas, en las que nada parece justificar nuestras dolencias, cansancios, falta de sueño y otros, en las que la ausencia misma de diagnóstico preciso nos hace alentar esperanza o nos submerge en el pesimismo sin otra razón que la fuerza mental de la que dispongamos en cada momento ( no somos necesariamente bipolares por ello ), en algún momento alguien le pone cascabel al gato y nos habla en términos distintos, nos obliga a entrar en otra dimensión, en la que ya no precisamos encontrar nuevos especialistas ni nuevas tecnologías.
Es una dimensión en la que cabemos nosotros, los que nos rodean y poco más.
No te vas a morir ( de eso ), no tiene cura, es crónico y encontrarás a muchos que te prometan que lo pueden arreglar, auque es poco o nada probable.
En ese momento, tú y solo tú, tienes herramientas paliativas, tú tienes el problema y la solución.
Aprenderás a sobrevivir o te enfrentarás a mayores males de los que ya sufres. Tu fuerza o falta de voluntad ayudarán o te hundirán. Aprovecharas cada rayo de sol como el buscador de setas aprovecha el otoño o te dejarás caer sin incorporarte para oler el perfume de la rosa que se abre aunque su vida sea efímera.
Yo tuve la inapreciable suerte de encontrarme con el Dr. Casanueva en mi camino.
El no me regalo el remedio, aunque sigue dedicando su vida en perseguirlo, con abnegación, altruismo y generosidad. Sin particular reconocimiento ni provechos materiales, es de los pocos practicantes de la medicina que conozco que tienen el juramento de Hipócrates tatuado en la mente.
No me regaló el remedio, pero gracias a su ayuda, a su explicación precisa, a la larga experiencia adquirida en el tratamiento de pacientes que le llegaron como yo, a la verdad sin tapujos, al querer buscar y poner en marcha la única medicinas que nos funciona que no es otra que la voluntad, yo estoy viviendo. Peor que muchos y mejor que otros, vivo ilusionado en aprovechar los rayos de sol, aunque el cielo no esté nunca completamente azul.
Ya no me pregunto si el mejor momento para ir al campo es el la primavera o el otoño. El mejor momento es cuando me duele menos, cuando he pasado una mejor noche, he dormido unas horas más. Pero yo también tengo ese mejor momento, tengo mi primavera y mi otoño. Solo me diferencio de los demás en que mi calendario es distinto, aleatorio, imprevisible. Pero disfruto andando bajo la lluvia si puedo andar.
Gracias al conocimiento del Dr. Casanueva de esta enfermedad y a su tremenda capacidad para trasmitir energía y voluntad como los mejores remedios para la fibromialgía, vivo una vida que algunos no envidiarán pero que yo veo como suficientemente bonita para merecer la pena de ser vivida y estoy seguro que los rayos de sol a través de las nubes me enseñaran más paisajes que vale la pena ver.
Gracias Benigno ojalá puedas seguir ayudando a muchos como me has ayudado a mí.
José Manuel Hernández